Pensamientos, artículos e ideas que reforman.

A veces escuchamos una canción y decidimos después de las primeras notas que no es para nosotros, así que pasamos a la siguiente. Pueden ser muchas las razones por las que nos saltamos la canción, desde la armonía, la melodía, hasta los ritmos que no nos mueven el corazón. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, podemos escuchar de nuevo la misma canción, y esta vez son las letras las que atraen nuestra atención, no el estilo, la armonía o el ritmo.

Esa primera vez, que te cautiva el corazón, la escuchas una y otra vez. Sin embargo, puede perder su efecto sobre ti con el paso del tiempo porque luego escuchas otra versión con la misma letra, pero con ritmos diferentes que te atraen más. Y así es, que empezamos a buscar la siguiente mejor versión de una canción que nos gusta. Sin embargo, nada podrá sustituir a la interpretación original que nos llegó al corazón.

De la misma manera, a veces experimentamos el Evangelio, el Canto de la Redención. A la mejor el Evangelio fue la canción de tu adolescencia, o incluso de tu juventud. Lo escuchaste, te atrajo la letra, capturó tus deseos y corazón. Fue en un tiempo en el cual necesitabas un toque profundo y especial. Nunca se te olvidará la primera vez que recibiste la Canción de Redención en tu Corazón. Una experiencia que puedes revivir como si hubiera sucedía ayer mismo. O quizás era necesario apreciar ser adulto o padre, experiencias que revelan nuestra necesidad - o simplemente crecer de lo que creías que te gustaba tanto, todo ese ruido que solías escuchar. Antes de darse cuenta de que había algo real y eterno en el Evangelio. Finalmente, llego, y transformo tu vida.

Sin embargo, para algunos, no ha sido lo mismo desde esa primera vez. Todos nos enfrentamos a la realidad de que nuestra convicción, nuestro sentido de poder superar cualquier cosa como resultado del Evangelio, parece desvanecerse y volvemos a la lucha. Y aquí es cuando iniciamos nuestra búsqueda de múltiple de interpretaciones de la Canción de Redención, nunca encontrando la satisfacción y experiencia original que nos transformó al principio. El problema es que estas rendiciones, aunque suenan bien y tocan las cuerdas de esa memoria distante de lo que sucedió al principio, ahora están llenas de nuestros esfuerzos y religión que nunca producirá el mismo resultado.

Esta es la razón, por la cual vemos una consistente versión de la Canción de Redención en los evangelios escritos por los discípulos.

Mateo escribió:

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mateo 4:17, RVR60)

Marco escribió:

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” (Marcos 1:14–15, RVR60)
Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.” (Marcos 6:12–13, RVR60)

Lucas escribió:

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” (Lucas 5:32, RVR60)
y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” (Lucas 24:46–47, RVR60)

Juan escribió:

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:14–16, RVR60)

Y aun, después, la Iglesia continua la proclamación de esta canción de Redención:

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hechos de los Apóstoles 3:19–21, RVR60)

A la mejor, no necesitas otra versión más, sino que necesitas regresar a la versión original. La versión original habla a cada persona en el momento que se encuentra, para algunos es un refrigerio para no buscar otras versiones, para otro revelador de la Gloriosa posibilidad y esperanza de transformación, y para otro redentor en ese instante de convicción.

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